Territorio y paz en la ruralidad: organización espacial en el poblado Agua Bonita II (Caquetá, Colombia)

Stefani Castaño Torres1
Luis Carlos Ardila Burbano2
Yeimy Natalia Valderrama Polania
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Cómo citar este artículo / To reference this article / Para citar este artigo: Castaño-Torres, S., Ardila-Burbano, L.C. y Valderrama-Polania, Y. N. (2026). Territorio y paz en la ruralidad: organización espacial en el poblado Agua Bonita II (Caquetá, Colombia). Revista UNIMAR, 44(1), e4741. https://doi.org/10.31948/ru.v44i1.4741

Fecha de recepción: 27 de marzo de 2025

Fecha de revisión: 3 de julio de 2025

Fecha de aprobación: 28 de octubre de 2025

Resumen

Las particularidades del proceso de reincorporación colectiva de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han facilitado la territorialidad de las personas excombatientes. En este artículo se examinan la territorialidad y la organización espacial del poblado Agua Bonita II (Caquetá, Colombia). El análisis se desarrolla desde una perspectiva cualitativa, en la cual los recorridos por el poblado, las entrevistas, las historias de vida y, de manera complementaria, los cuestionarios constituyeron las técnicas de generación de información. Los resultados permiten analizar la territorialidad en tres niveles: infraestructura privada, económica y social; estos niveles posibilitan la apropiación del territorio, orientada al proyecto de comunidad fariana. El artículo destaca la convergencia compleja y contradictoria entre formas de poblamiento y de vida privada y comunitaria. Ninguna de estas dinámicas se materializa completamente en la vereda; no obstante, cada una aporta, desde sus fortalezas, al proceso de consolidación de la comunidad fariana. Asimismo, desde sus racionalidades, plantean importantes retos y tensiones para la vida colectiva de estos pobladores rurales.

Palabras clave: territorialidad; comunidad fariana; firmantes de paz; reincorporación; ruralidad

Territory and peace in rural areas: spatial organization in Agua Bonita II village (Caquetá, Colombia)

Abstract

The particularities of the collective reintegration process of the Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) have facilitated the territoriality of former combatants. This article examines the territoriality and spatial organization in Agua Bonita II village (Caquetá, Colombia). The analysis is developed from a qualitative perspective, utilizing tours of the village, interviews, life stories, and, complementarily, questionnaires were used as techniques for generating information. The results allow for an analysis of territoriality on three levels: private, economic, and social infrastructure. These levels enable the appropriation of territory, oriented toward the FARC community project. The article highlights the complex and contradictory convergence between forms of settlement and private and community life. None of these dynamics is fully realized in the village; however, each contributes, from its strengths, to the process of consolidating the FARC community. Likewise, from their rationalities, they present important challenges and tensions for the collective life of these rural dwellers.

Keywords: territoriality; FARC community; peace signatories; reintegration; rurality

Território e paz na ruralidade: organização espacial na aldeia de Agua Bonita II (Caquetá, Colômbia)

Resumo

As particularidades do processo de reintegração coletiva das Forças Armadas Revolucionárias da Colômbia (FARC) facilitaram a territorialidade dos ex-combatentes. Este artigo examina a territorialidade e a organização espacial da aldeia de Agua Bonita II (Caquetá, Colômbia). A análise é desenvolvida a partir de uma perspectiva qualitativa, na qual os percursos pela aldeia, as entrevistas, as histórias de vida e, de forma complementar, os questionários constituíram as técnicas de geração de informação. Os resultados permitem analisar a territorialidade em três níveis: infraestrutura privada, económica e social; esses níveis possibilitam a apropriação do território, orientada para o projeto da comunidade fariana. O artigo destaca a convergência complexa e contraditória entre formas de povoamento e de vida privada e comunitária. Nenhuma dessas dinâmicas se materializa completamente na aldeia; no entanto, cada uma contribui, a partir de seus pontos fortes, para o processo de consolidação da comunidade fariana. Da mesma forma, a partir de suas racionalidades, elas apresentam desafios e tensões importantes para a vida coletiva desses moradores rurais.

Palavras-chave: territorialidade; comunidade fariana; signatários da paz; reintegração; ruralidade

Introducción

Las transformaciones del espacio, producto de la acción humana, son una de las manifestaciones de la territorialidad, a través de ellas, las personas materializan ideales económicos y culturales, además de visibilizar sus procesos políticos y sociales. Las personas firmantes de paz no son una excepción en estas prácticas. Con la firma del acuerdo de paz en 2016 entre el Estado colombiano y la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), inició el proceso de dejación de armas de sus integrantes, lo que dio paso a la implementación de un modelo de reincorporación comunitaria orientado a fortalecer la pertenencia al territorio.

La reincorporación comunitaria ha procurado continuar los vínculos grupales de solidaridad y trabajo colectivo que la comunidad fariana tenía en la insurgencia (Carranza, 2020). En este sentido, el esfuerzo más evidente ha sido la fundación de los poblados de paz, experiencia que da cuenta de la materialización espacial de dicho modelo. Los orígenes de estos espacios se remontan al punto 3 de los acuerdos de paz, en el cual se estableció la instalación de 19 zonas veredales transitorias de normalización (ZVTN) y 7 puntos transitorios de normalización (PTN). Estos espacios se concibieron como temporales para el proceso de entrega de armas y se estableció una duración de seis meses; sin embargo, en la práctica dicha duración se prorrogó por tres meses adicionales (Decreto 1274 de 2017).

En 2017, estos lugares se transformaron legalmente en Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR). Su nuevo objetivo era facilitar la adaptación y retorno de las personas excombatientes a la vida civil (Decreto 2026 de 2017). Los ETCR, aunque se presentaron como temporales, comenzaron a darle fuerza a la territorialidad y permanencia de las personas firmantes en la zona.

En medio de múltiples intereses y apuestas territoriales diferenciadas, en 2019 se estableció la terminación jurídica de los ETC; el Gobierno nacional invitó a las administraciones locales a reconocerlos en sus ordenamientos territoriales. En cada zona, la dinámica territorial ha sido diferente; sin embargo, ٢٤ de los antiguos ETCR (AETCR) permanecen en la actualidad reconocidos por el Estado. Lo anterior como resultado de los procesos sociales y comunitarios de las personas firmantes, sus familias y comunidades vecinas.

Esta particularidad del proceso de reincorporación se ha traducido en el desarrollo de diferentes análisis que procuran caracterizar territorialmente estas experiencias de reincorporación (Narváez y Perafán, ٢٠٢٢; Méndez, ٢٠٢٢; Peralta y Sánchez, ٢٠٢٢; Rodríguez, ٢٠٢٣; Muñoz, ٢٠٢٣; Oviedo y Pungo, ٢٠٢٤). Estas aproximaciones han destacado que los modos de habitar de las personas excombatientes facilitan la configuración de nuevos nodos de encuentro (Méndez, ٢٠٢٢; Peralta y Sánchez, ٢٠٢٢; Muñoz, ٢٠٢٣ y Rodríguez, ٢٠٢٣). Sin embargo, dichos nodos se debaten entre diferentes tensiones: (١) ordenamiento territorial con dificultades para la armonización de la protección ambiental y la producción campesina (Méndez, ٢٠٢٢; Rodríguez, ٢٠٢٣); (٢) individualización como tendencia de la vida civil que debilita la cohesión e identidad fariana (Rodríguez, ٢٠٢٣), y (٣) condición de gueto, instalada en la concepción de reincorporación del Estado, que alienta lógicas de integración-exclusión (Peralta y Sánchez, ٢٠٢٢).

Estas tensiones inciden en las territorialidades de las personas en proceso de reincorporación. En algunos casos, se orientan hacia la falta de arraigo e identidad con el territorio, lo que conduce al desplazamiento fuera de los AETCR (Muñoz, ٢٠٢٣). En otros, por el contrario, la territorialidad se construye a partir del legado de la identidad fariana (Méndez, ٢٠٢٢; Oviedo y Pungo, ٢٠٢٤). Esta identidad se reivindica con orgullo y se expresa como un sentido de compromiso social y político, el cual privilegia la pertenencia comunitaria y la vinculación al colectivo de excombatientes, así como la propiedad y el trabajo colectivo (Oviedo y Pungo, ٢٠٢٤).

Esta situación no es ajena al Caquetá, un departamento que ha sido central tanto en la lucha contra la insurgencia y el narcotráfico como en la búsqueda de compromisos de paz. Actualmente, el departamento cuenta con dos de los ٢٤ AETCR de todo el país y es el sitio de residencia del ٦,٠٧ ٪ de los firmantes (Agencia para la Reincorporación y la Normalización [ARN], ٢٠٢٤). Si bien, en los AETCR únicamente habitan ١.٨٩٩ personas excombatientes (ARN, ٢٠٢٤), sus esfuerzos han posibilitado la permanencia en el tiempo de estos territorios y su formalización en el ordenamiento territorial. Por lo cual, con la intención de destacar sus experiencias y prácticas de construcción de paz, esta investigación tiene el objetivo de analizar la construcción de territorio y territorialidad rural de la comunidad fariana en el AETCR Agua Bonita II. Este poblado se encuentra ubicado en la vereda Agua Bonita II del municipio de La Montañita.

A este AETCR llegaron en su mayoría firmantes de los frentes ٣, ١٤ y ١٥ de las FARC-EP. En la actualidad, el poblado acoge aproximadamente ٢٠٠ personas entre mujeres, hombres, niños y niñas. No todos sus habitantes pertenecieron a las filas de la extinta guerrilla, ya que en el poblado viven también familiares de firmantes, campesinos o población flotante que trabaja en el territorio.

Este es un escenario de interés para la investigación, debido al compromiso y la proyección que sus habitantes han tenido en el territorio. Su permanencia ha procurado dar continuidad a sus ideales de lucha, enfocados en el trabajo de la tierra, la sostenibilidad y promoción de valores como la integralidad, la responsabilidad, la camaradería, la crítica y la autocrítica (Biblioteca Popular Alfonso Cano, ٢٠٢٢). Asuntos que en el presente artículo se asumen como identidad fariana. Esta identidad da cuenta de una perspectiva de trabajo comunitario que conjuga las prácticas aprendidas en FARC-EP con las campesinas: «Somos del campo, y debemos vivir en el campo, porque el campo es la vida» (Biblioteca Popular Alfonso Cano, ٢٠٢٢, p. ١٠١).

Territorio y territorialidad, aproximaciones teóricas para comprender las transformaciones del espacio

En el ámbito académico existen diferentes formas de concebir el territorio. Dichas propuestas parten principalmente de definirlo desde el quehacer cotidiano de las personas. En este sentido, el territorio está en constante transformación, su concepción está atravesada por los intereses económicos, políticos, sociales y filosóficos de sus actores. De acuerdo con Rincón (2012), «los conceptos propuestos sobre territorio dependen en su formulación de diversas variables: concepción del mundo, intereses y posición respecto de las relaciones de poder, así como de la postura filosófica y los valores de quien lo construye» (p. 119), asunto al que Saquet (2015) agrega las dimensiones material y patrimonial, que, en conjunto, permiten desarrollar la indicación geográfica como una herramienta de desarrollo local (Saquet, 2016).

«El territorio es construido socialmente, organizado, planeado, con significados concretos de las personas en sus lugares de vida» (Quaini, como se citó en Saquet, 2015, p. 56), lo que destaca la dimensión material del territorio, en la que las relaciones y representaciones sociales se hacen palpables: «Nada se piensa, se hace, ni se transforma sin pasar por la materialidad de los lugares» (Dematteis, 1999, como se citó en Saquet, 2015, p. 52). La materialidad del territorio se relaciona con su dimensión filosófica y subjetiva; en el territorio convergen los procesos sociales, es decir, entre personas y con el entorno. El territorio da cuenta de procesos de apropiación a través de la construcción de valores, sentimientos, identidad y bienestar para sus habitantes.

En cuanto a la variable relaciones de poder, para Samper (2021), los territorios constituyen plenamente procesos de gobernanza racional, negociación y concertación entre actores sociales, privados e institucionales. Esto lleva a la construcción de un proyecto de futuro consensuado, sostenido por acciones colectivas que lo concretan. Lo anterior destaca que todas las acciones realizadas en un espacio construyen territorio, por medio de las relaciones sociales que transmiten la idea de soberanía, propiedad y cerramiento. Este concepto nos permite precisar el control individual o grupal como una dimensión relevante.

El ejercicio de poder en el abordaje territorial se manifiesta a través de una relación dialéctica entre arquitectura social y arquitectura espacial (Claval, como se citó en Saquet, 2015). La primera, manifestada en el entramado relacional del poder, que tiene como resultado la materialización de instituciones como el Estado y las organizaciones sociales y políticas de una colectividad. La segunda, alusiva a materializaciones que ordenan, diseñan y transforman el espacio. La arquitectura espacial es posible a través del entramado relacional del poder. De igual forma, «el espacio interviene en la sociedad y es apoyo de la vida y de las actividades» (Saquet, 2015, p. 31) En correspondencia con la dimensión de poder que subyace en el territorio, puede afirmarse que este constituye la materialización de los intereses de los actores que intervienen en él, proceso que se refuerza y reproduce a través de la arquitectura espacial.

En consonancia, las personas excombatientes «empiezan a generar cambios en el espacio público y convertir “el espacio” en “su espacio”, pues parte de sentirse parte de un lugar, es apropiándolo» (Rodríguez, ٢٠٢٣, p. ١٤٩). Estas transformaciones espaciales tienen mayor visibilidad con el modelo de reincorporación4
colectiva. Dicho modelo se territorializa en los AETCR, espacio en el que convergen prácticas asociadas a la reproducción de la vida, la producción económica y la circulación. Estos dos últimos aspectos son destacados por Saquet (2015) como parte de los usos de territorio.

Para Saquet (2015), «El trabajo está en la base de la construcción, deconstrucción y reconstrucción del hábitat y del territorio a través de la producción de objetos concretos (materializaciones) y de símbolos (económicos, políticos y culturales), como el lenguaje» (p. 32). La relevancia del trabajo en la configuración territorial guarda una estrecha relación con las intervenciones sociales y económicas contempladas en el proceso de reincorporación. Dichas intervenciones, al realizarse en escenarios principalmente rurales, comienzan a visibilizar la interdependencia y complementariedad entre el campo y la ciudad, asunto que Gottmann (como se citó en Saquet, 2015) denomina circulación. Para Saquet, la circulación facilita que el territorio sea «usado y transformado en MCP (modo capitalista de producción), proceso centrado en la concentración del capital» (p. 62), asunto que plantearía importantes retos a las territorialidades rurales.

Para Damatteis (como se citó en Saquet, 2015), las territorialidades rurales coexisten con el ritmo acelerado de la industria y el mercado. «Hay desigualdades y diferencias, distintos niveles de crecimiento, desarrollo, producción, comercialización, inserción en el mercado, mecanización, organización política, formación cultural, etc.» (p. 102). El autor asemeja la ruralidad a los ritmos lentos, las relaciones familiares y los lazos de vecindad y comunidad; siempre en desventaja con la velocidad de transformación a nivel urbano. Las territorialidades rurales serían entonces “resultado de las acciones económicas, políticas y culturales de los sujetos de forma específica, distintas de la vida urbana y puede ser entendida como condición de vida sin desconexión de lo urbano” (Medeiros, como se citó en Saquet, 2017, p. 43).

Esta definición de ruralidad destaca la naturaleza multiescalar del territorio. Es decir, el «territorio puede ser aprehendido en diferentes niveles de la escala geográfica: local, regional, nacional, plurinacional, mundial» (Giménez, 2001, p. 7). Las territorialidades rurales serían principalmente locales y estarían profundamente influenciadas por las transformaciones sociales, políticas y del mercado en las demás escalas de análisis. En correspondencia, las transformaciones vividas en las agriculturas del mundo hacia el sistema de agricultura empresarial (Van Der Ploeg, 2011) han significado importantes cambios en la ruralidad. Para Bengoa (2003):

Las comunidades rurales ya no solo deben saber hacer, sino también “saber decir” explicar su propia identidad en un texto comprensible. Su posibilidad de supervivencia depende no solo de la economía, sino principalmente de la cultura, incluso cuando económicamente sean espacios marginales. Dependen del significado que los seres humanos le otorgan a esa actividad, que se establecen con el resto de la sociedad. (p. ٩٥)

Esta apreciación destaca la dimensión de significación asociada al territorio, misma que permite hablar de territorialidad. Para Montañez y Delgado (١٩٩٨), «la territorialidad se asocia con apropiación y esta con identidad y afectividad espacial, que se combinan definiendo territorios apropiados de derecho, de hecho y afectivamente» (p. ١٢٤). En este sentido, las territorialidades rurales ya no solo se caracterizarían por la producción agrícola a pequeña escala y para el mercado local (Mançano, ٢٠١٢). También deben darle lugar a la identidad campesina, es decir, «su propio sistema cultural, los símbolos, valores y aspiraciones más profundas» (Giménez, ٢٠٠١, p. ١٢).

El llamamiento a la recuperación de la identidad campesina es interpretado por Saquet (٢٠١٦) como un potencial de indicación geográfica para el desarrollo territorial rural. Para este autor, la indicación geográfica es una herramienta que permite valorar y proteger productos típicos de un territorio. Estos productos pueden ser saberes, técnicas, imágenes, pero también signos y símbolos que reivindican el patrimonio territorial. Aunque este alude a un proceso principalmente institucional, permite conectar las características naturales, culturales y sociales del lugar con la oferta de bienes y servicios en un territorio (Saquet, ٢٠١٦). La indicación geográfica fortalece la articulación del territorio a mercados más amplios y a redes locales, pero principalmente fortalece la identidad territorial.

Las territorialidades rurales serían ante todo identidades basadas en el lugar. Escobar (٢٠١٠), refiriéndose a comunidades del Pacífico colombiano, destaca que la afiliación del río fue la que predominó localmente: «la gente que vive en un cierto río se considera como una comunidad» (West, como se citó en Escobar, ٢٠١٠, p. ٦٤). En estas comunidades, el vínculo con el río fue lo más importante para definir quiénes eran, pues habitar en lugares ribereños reconoce a las personas como una comunidad. De acuerdo con el autor:

Durante por lo menos un milenio, las comunidades indígenas ocuparon el territorio con particulares formas de apropiación del ambiente —la flora, fauna, ríos, mar, y el uso de oro y platino— practicando hasta recientes décadas un tipo de sustento de subsistencia apropiado al bosque húmedo, sin la domesticación de animales ni sedentarización significativa. (p. ٦٠)

A estas territorialidades, Cano (٢٠٠٥) las denomina asentamientos ribereños. Consisten en un patrón de asentamiento en el que el río, como bien de subsistencia, es el principal elemento. El territorio se configura a partir de viviendas alineadas frente al río, para tener acceso directo al agua y los bienes que provee (Mosquera, ١٩٩٢, como se citó en Cano, ٢٠١٥). Los asentamientos ribereños pueden ser de vivienda dispersa, caseríos o pueblos. Los dos últimos evidencian hileras de casas cerca de la ribera; se diferencian entre sí por la impresión de mayor o menor planeación (Gómez, ١٩٩٧, como se citó en Cano, ٢٠١٥). Esta forma de distribución espacial es diferente de la cuadrícula urbana, la cual está inspirada «en el plano cuadriculado romano utilizado para levantar ciudades geométricas» (Sennett, ١٩٩٤/١٩٩٧, p. ٢٨٥). Esta distribución permitía ordenar el espacio de manera regular y ubicar al gobierno e instituciones relevantes en el centro del territorio. Esta forma de organización espacial es recordada por Bengoa (2003) como un vestigio de los territorios rurales, principalmente poblados de origen colonial.

Este recorrido permite afirmar que el «territorio y territorialidad son un binomio que separados darían una percepción fragmentada de la realidad y de las dinámicas y conflictos sociales» (Rincón, 2012, p. 125). No solo es un espacio delimitado, atravesado por dinámicas de poder, sino que también es el lugar donde se desarrollan y se construyen diferentes interacciones sociales, políticas, económicas y culturales. Dichas interacciones destacan el simbolismo que construyen los actores que lo habitan y que permiten que se vuelva un lugar de permanencia y apropiación. Construir territorio y territorialidad rural entonces daría cuenta de las formas particulares como las comunidades campesinas organizan, se apropian y valorizan lugares locales en los que los bienes naturales, la agricultura y la identidad colectiva fundamentan sus lógicas de vida comunitaria.

Metodología

Este documento es resultado del proyecto de investigación Territorialidad, género y ciudadanía en el proceso de reincorporación de mujeres excombatientes: El caso del ETCR Agua Bonita, Caquetá. Este estudio fue desarrollado desde una perspectiva de investigación cualitativa con énfasis en la participación de los actores vinculados al territorio. En correspondencia, se procuró una mirada ‘desde adentro’, con el fin de rescatar la singularidad y las particularidades propias de los procesos sociales (Galeano, 2004).

El énfasis participativo de la investigación estuvo ligado a una noción de sujeto como constructor y productor de su propia realidad (Zemelman, 2004), ya que, a partir de prácticas y relaciones sociales, materializa sus intereses e intencionalidades. Por lo anterior, se utilizaron técnicas dialógicas e interactivas para la obtención de la información, con carácter emergente, flexible y contextualizado (Vasilachis, 2006), de manera que se evidenciaran solidaridades, tensiones, contradicciones y disputas propias de las territorialidades.

Las técnicas y materiales para la obtención de la información fueron salidas de campo, recorridos, entrevistas, cuestionarios y talleres comunitarios. Respecto de las salidas de campo, se realizaron 4 visitas al poblado Héctor Ramírez, cada una con un total de tres días de estadía en el territorio, estas se llevaron a cabo entre el 12 de agosto y el 17 de noviembre del año 2022. Inicialmente, se hizo un recorrido guiado por la vereda, el día 12 de agosto del año 2022, en el cual se logró el primer acercamiento al área de estudio, mediante la observación y el diálogo con los habitantes del territorio.

Durante el periodo de salidas de campo, se realizaron 35 entrevistas a diferentes actores internos y externos del poblado; esta información fue procesada y codificada para el análisis de las diferentes categorías. Adicionalmente, se llevaron a cabo 19 cuestionarios, realizados puerta a puerta, con el objetivo de tener mayor alcance para la caracterización de los habitantes; estos se aplicaron el 16 de septiembre del año 2022. Finalmente, los talleres comunitarios fueron realizados con los diferentes tipos de población que habitan en el territorio. En estos se desarrollaron actividades de huerta, cartografías, talleres de fotografía y serigrafía, como parte de las salidas de campo; dichos talleres giraron en torno a diferentes temáticas: educación, paz, organización territorial, entre otras.

Tanto en las técnicas cualitativas como en los cuestionarios cuantitativos, el muestreo fue intencional y por bola de nieve. La referencia de un primer informante a otro habitante del poblado facilitó la realización de los cuestionarios y talleres; posteriormente, los informantes identificados como clave en los primeros acercamientos fueron abordados mediante las entrevistas.

La información fue analizada en Atlas-ti, 7.0., teniendo en cuenta códigos como apropiación del territorio, actores internos y externos, y procesos comunitarios. A partir de dicho análisis, se estructuró la información territorial de acuerdo con su escala espacial y sus usos sociales.

Resultados

Agua Bonita II se encuentra ubicado en un terreno de propiedad de la Cooperativa Multiactiva para el Buen Vivir y la Paz del Caquetá (COMBUVIPAC). Esta organización agrupa firmantes que llegaron al espacio en 2017. Inicialmente, el predio al que llegaron las personas excombatientes fue arrendado por el Estado, quien lo puso al servicio de quienes llegaban como parte del proceso de paz.

Para el momento de transformación de las ZVTN a ETCR, el Gobierno buscó adquirir todos los terrenos a nivel nacional. Sin embargo, para el caso de este poblado, su propietario accedió a venderlo directamente a las personas firmantes que estaban asociadas a través de COMBUVIPAC. De esta manera, la propiedad colectiva de la tierra se estableció como un primer elemento de apropiación que, además de destacar una apuesta de vida rural al ser comunitario, continúa la idea de colectivo fariano.

Este era un territorio de un cura [...] le arrendó al Estado para hacer este pueblo, pero, en el transcurso de los días, nos pusimos a trabajar y él miraba cómo trabajamos. [...] Él (el cura) está comprometido con el proceso y dijo: “yo no le vendo esto al Estado, se lo vendo a ustedes”. Nos lo dejó a un precio supremamente regalado y entonces con el trabajo de todos, con la cooperativa, lo vamos pagando. (Entrevista N1, comunicación personal, 18 junio de 2018).

La selección del terreno en el que actualmente está el poblado de paz Héctor Ramírez fue una labor desarrollada principalmente por líderes de la extinta guerrilla (Biblioteca Popular Alfonso Cano, 2022). Ellos buscaban un espacio en el cual echar raíces, por ello, entre sus criterios consideraron que la tierra fuera cultivable y que en el terreno pudieran construir sus viviendas y desarrollar sus procesos productivos. Esta intención de radicarse y construir territorio se hizo evidente en los programas sociocomunitarios que paralelamente fueron implementados en la Biblioteca Popular Alfonso Cano. En este espacio, construido por la misma comunidad, se desarrollan diferentes actividades bajo el siguiente principio: «El campo es la vida», lo que señala una apuesta por una territorialidad rural.

Esto fue más que todo buscado por nosotros mismos, por los mismos líderes del espacio que por el gobierno; porque al gobierno no le interesa el bienestar de la gente. Nosotros estamos buscando bienestar, futuro y radicarse, o sea, no estábamos para estar dos días y después chao. (Recorrido por el centro poblado, comunicación personal, 12 de agosto de 2022)

Como una forma de representación moderna del territorio (Raffestin, 2011), se destaca que sus pobladores han construido un conjunto de cercas vivas o muros que tienen la función de dividir el espacio en pequeñas y grandes escalas. A pequeña escala se puede fraccionar el centro poblado en espacios privados como viviendas y a gran escala la división se da en los usos privados, económicos y sociales de los diferentes espacios (ver Figura 1).

Figura 1

Cartografía centro poblado Agua Bonita II

Nota. Recorrido por el centro poblado, realizado el día 12 de agosto de 2022.

Infraestructura privada, tensiones con la vida comunitaria

En Agua Bonita II, el patrón de asentamiento responde a la cuadrícula urbana a diferencia del patrón ribereño que caracterizaba la vida guerrillera. El poblado cuenta con 55 viviendas o módulos, aglutinados en el centro. Su infraestructura física reproduce la lógica de ‘laberinto de calles’ (Sennett, 1997), que facilitan el tráfico de automóviles y conecta entre sí los diferentes lugares del territorio.

De esta manera, la unidad de construcción (Sennett, 1997) en Agua Bonita II son las manzanas que, a modo de herencia de la urbanización medieval, «consiste en hileras de casas individuales a lo largo de la calle» (Sennett, 1997, p. 356). Esta forma de asentamiento es contraria a la vida encampamentada que caracterizaba la comunidad fariana cuando estaban en armas. La dinámica de la confrontación armada obligaba a establecer campamentos provisionales cercanos a los ríos y en los que los espacios sociales, de alimentación y aseo, eran colectivos. Los campamentos de las FARC-EP en armas no son estrictamente asentamientos; sin embargo, conservan una lógica de ocupación del espacio similar a la ribereña, que potencia la vida comunitaria.

Esta lógica no se conserva al momento de la construcción del poblado. Por tratarse de una zona sin infraestructura adecuada, las personas firmantes inicialmente construyeron una representación física a pequeña escala de los tipos de espacios que proyectaban tener allí. Desde la proyección misma que hicieron del poblado había una diferenciación entre espacios comunes y privados.

La prioridad inicial fue la construcción de los llamados módulos, que albergarían a las personas firmantes que llegaron al espacio al momento de la entrega de armas. Posteriormente, estos empezaron a ser modificados como una materialización de espacios privados. Su asignación estuvo condicionada a la decisión de continuar el proceso de reincorporación de manera comunitaria, a partir de su vinculación a COMBUVIPAC.

En la actualidad, estos módulos son las viviendas de Agua Bonita II, lugares en los que residen las personas firmantes, sus familias y las personas que han llegado a vivir en la zona. Cada habitante ha construido sobre su espacio un hogar. La mayoría de ellos cuentan con corredores y antejardines, zonas que podrían considerarse como espacios de socialización campesinos. También, es frecuente observar que siembran plantas aromáticas, tomate, cebolla, yuca, entre otros productos para el consumo diario. Estas prácticas señalan la conservación de costumbres campesinas asociadas a los cultivos de subsistencia.

Las viviendas con menos adecuaciones tienen por lo menos una habitación, aunque la generalidad es que cuenten con 2 o 3 de ellas, baños, e incluso locales comerciales, amplias áreas sociales como la cocina y la sala, además uno o dos accesos desde la calle. Disposiciones que dan cuenta de la relevancia de la vida comunitaria, hasta en los espacios privados de las personas firmantes (ver Figuras 2 y 3).

Figura 2

Vivienda del poblado

Nota. Recorrido por el centro poblado, realizado el día 12 de agosto de 2022.

Figura 3

Viviendas del poblado

Nota. Recorrido por el centro poblado, realizado el día 12 de agosto del 2022.

En la actualidad, en el centro poblado casi no se observan viviendas en Superboard, puesto que este material tiene una vida útil de 2 a 3 años sin ningún tipo de mantenimiento. Por ello, varios habitantes han reemplazado este material por otros como ladrillo y madera. Las viviendas han sido modificadas de acuerdo con los recursos económicos y la dedicación de los sujetos para mejorar su respectivo espacio. Las viviendas son compartidas con familiares que han llegado, además de otros actores que esporádicamente llegan, así lo expresó la persona B2:

Pues cada cual tiene su casita. Aquí se instalaron inicialmente 60 módulos [...], ya prácticamente del Gobierno acá no hay mucha cosa, porque todo lo que se entregó era en Superboard. Eso la gente ha ido transformando a ladrillo sus propias casas y con sus propios diseños, con las ideas de cada cual, porque pues se siente que ya son cinco años, esto es nuestro y el Gobierno que continúe su proceso. (Recorrido por el centro poblado, B2, comunicación personal, 12 de agosto de 2022)

Las casas han sido construidas o se construyen en la actualidad dependiendo de las necesidades de cada familia. Algunos de los domicilios tienen negocios o diferentes iniciativas económicas individuales, que sirven como sustento para un mínimo vital de sus integrantes. Cada una de las casas refleja el esfuerzo y la dedicación que le han puesto sus habitantes a la remodelación de lo que antes fue un módulo, que no les permitía tener un espacio familiar y permanente, así lo menciona GB3:

Sí, en Superboard se llama, yo tumbé esa vaina y la diseñé distinta porque esta era unos largueros así sin mucha estética, sin mucho nivel de confección [...], el material del piso en baldosa, aquí cuenta con todos los servicios: energía, internet, basura, gas, televisión. (GB3, comunicación personal, 15 de septiembre de 2022).

Cada una de las viviendas tienen algo en particular, ya sea jardines o el color de la fachada. Estas últimas han sido el principal mecanismo de afirmación de la identidad fariana del poblado. Desde noviembre de 2017, sus pobladores vienen realizando anualmente el Festival Agua Bonita se pinta de colores con manos de paz y reconciliación. Esta actividad consiste en una semana de actividades masivas en las que se invitan muralistas de diferentes lugares para hacer intervenciones sobre las fachadas de las viviendas. Los murales tienen la premisa de recuperar la memoria fariana, reivindicar las apuestas de paz y promover la reconciliación. De esta manera, el poblado se transforma en una galería de memoria a cielo abierto.

Esta sería una de las iniciativas culturales y comunitarias de las personas firmantes para promover la paz, la memoria y la reconciliación. A su vez, se constituye en un indicador geográfico que evidencia la territorialidad de las personas firmantes. En este contexto, Agua Bonita se presenta como un territorio marcado por prácticas culturales que promueven la identidad y memoria fariana. Esto teniendo en cuenta que buena parte de las imágenes de los murales aluden a personajes destacados de la extinta guerrilla o reivindican valores y apuestas políticas que existían desde la militancia armada. Así, en la siguiente apreciación se evidencia lo que significa para la comunidad del poblado el festival:

Hace mucho tiempo, más o menos hace seis años ya casi, comenzamos un sueño llamado Agua Bonita se pinta de colores, este año ya es la quinta versión y lo tenemos más o menos ese sueño así, unas casitas blancas cuando empezaron en el 2017, en este año esta es nuestra tesis, este es nuestro sueño en el cual hemos convertido el arte en una herramienta de transformación, esto es Agua Bonita. (Conversatorio Aportes al Arte y la Cultura, Festival Agua Bonita se Pinta de Color, comunicación personal, noviembre de 2022)

El festival ha evolucionado con los años, convirtiéndose en un «producto típico del territorio», ya que las últimas versiones del festival han incluido jornadas de muralismo por fuera de la vereda, y se ha procurado extender su reconocimiento, tejer vínculos de reconciliación con otros territorios y promover el patrimonio territorial de Agua Bonita como una oportunidad para el desarrollo local (ver Figuras 4 y 5).

Figura 4

Murales realizados en el Festival Agua Bonita se Pinta de Colores

Nota. Recorrido por el centro poblado, realizado en noviembre de 2022.

Figura 5

Murales realizados en el Festival Agua Bonita se Pinta de Colores

Nota. Recorrido por el centro poblado, realizado en noviembre de 2022.

Paradójicamente, Agua Bonita II no escapa a la racionalidad individualizante que subyace al plano cuadriculado. Como lo menciona Sennett (1997), la cuadrícula urbana termina por promover patrones de desapego hacia lo comunitario. El hecho de que cada persona conviva en espacios más cerrados apunta a una sociedad que privilegia la privacidad y comodidad desde la autonomía individual, asunto que origina tensiones y críticas entre los habitantes del poblado.

Uno allá en la guerrilla, pues, estaba pendiente del compañero que dormía al lado; y uno si no amanecía, si no se levantaba, uno iba… aquí es muy difícil. Por ejemplo, que el compañero o el vecino que vive allá en la esquina y que yo vivo acá: yo ¿cómo me voy a dar cuenta si él amaneció o no amaneció? o ¿si se levantó o no se levantó? Aquí, la mayoría de personas se mantienen encerradas, usted pasa y encuentra todas las casas… usted no sabe si hay gente o no hay gente [...], se perdió mucho como el trabajo colectivo, se ha perdido, porque cuando recién llegamos aquí se trabajó colectivamente y toda la gente salía. [...] Entonces yo pienso que se ha perdido esto porque aquí ya no vivimos solo personas reincorporadas, sino que también hay personas que nunca estuvieron en las filas; entonces, eso hace también difícil la reincorporación, porque nosotros [Farc] tenemos unos principios y valores que aún aplicamos y mucha gente que viene de afuera, a ellos como que no les importa, o sea, muy poco lo colectivo. (Entrevista 2Y, comunicación personal, 30 de mayo de 2024)

De esta manera, los espacios privados de Agua Bonita son apropiados en medio de la tensión vida privada-comunitaria. La apropiación privada evidencia la territorialidad campesina de las personas excombatientes, orientada a la agricultura de subsistencia y atravesada por las necesidades e intereses familiares que han configurado en los años de reincorporación (ver Figura 6). La apropiación comunitaria se evidencia a partir de la recuperación de la memoria y reivindicaciones farianas. Estas tensiones, aunque se debaten entre el individualismo-colectivismo, evidencian que la territorialidad no siempre se construye en un continuum coherente entre los sentidos individuales y colectivos, pasados y presentes asignados al territorio.

Figura 6

Cartografía infraestructura privada

Nota. Elaborada a partir de imágenes satelitales de Google Maps, 2024.

Infraestructura económica, correspondencias entre identidad fariana, campesina y cooperativismo

De acuerdo con Carranza (2020), en los procesos de reincorporación «proporcionar ayuda económica o crear oportunidades de ingresos se ha entendido como una forma de prevenir la reincidencia» (p. ٢١١). Por esta razón, no solo para el Gobierno nacional, sino para la misma comunidad fariana, ha sido central el desarrollo de iniciativas económicas. De ahí que como colectivo hayan destinado áreas específicas del territorio para el desarrollo de proyectos productivos. Esta infraestructura garantiza la sostenibilidad del poblado en la medida que dinamiza actividades económicas, laborales y genera ingresos para sus habitantes.

El espacio donde se ubican la sastrería y la zapatería fue construido con el propósito de que las personas firmantes que estaban en esta línea productiva pudieran desarrollar el proyecto en condiciones adecuadas. Con el tiempo, estos proyectos funcionaron esporádicamente, pues la baja demanda de los productos obligó a que se elaboraran solo por pedido. En consecuencia, el espacio también es ocupado como una pequeña bodega en la que se almacenan otras máquinas de producción.

Los proyectos que han facilitado el desarrollo de infraestructura económica son, en su mayoría, impulsados por COMBUVIPAC. Cada proyecto productivo tiene un espacio asignado e infraestructura destinada para su implementación. Estos tienen la particularidad de ser de orden comunitario, muy pocos casos son individuales. La infraestructura económica que posee el poblado obedece entonces a los principios de la organización cooperativa, en la que su identificación «sin ánimo de lucro» (Ley ٤٥٤ de ١٩٩٨) se orienta a una distribución proporcional de los excedentes tanto entre los socios como en la reinversión para la organización, potenciando así el desarrollo económico del territorio. Esto garantiza la disponibilidad de algunos medios de trabajo para fortalecer la territorialidad y el sistema de producción campesino basado en «la diversidad, en pequeña escala y para el mercado local» (Mançano, ٢٠١٢, p. ١٠).

Así mismo, se encuentra el espacio destinado para el cultivo de piña, que se desarrolla tanto como proyecto comunitario e individual. Este genera empleo y ocupa una gran cantidad de terreno de la vereda.

Aquí la plata que cogieron la invirtieron en proyectos productivos. El primer proyecto productivo que montaron fue el de la piña, que para mucha gente fue una locura [...], pues hoy en día ese proyecto, yo no digo que sea bandera, pero es un proyecto que ya lleva 5 años. Está el de la entrada y el de acá [señala la ubicación de los cultivos]. (Recorrido charla – ARN, comunicación personal, 13 de agosto de 2022)

‘El Piñal’ es uno de los lugares emblemáticos de Agua Bonita II. El nombre del estadero responde a que se encuentra ubicado cerca de los cultivos de piña, en un nuevo esfuerzo por posicionar un indicador geográfico asociado al poblado. Este es, a su vez, un espacio de desarrollo económico y social. Allí, se venden bebidas y licores, además de ofrecer servicios lúdicos como discoteca y billar. Dicho espacio también se utiliza para actividades comunitarias masivas, convirtiéndolo en escenario de intercambio entre actores internos y externos al poblado. Esta doble destinación del espacio evidencia la continuidad de principios, prácticas y valores farianos, puesto que, como lo plantean en la Biblioteca Popular Alfonso Cano (2022):

La camaradería es uno de los principios fundamentales en nuestra comunidad. Es uno de aquellos conceptos que debemos guardar con mayor esmero, pues es donde todos, prácticamente, nos mirábamos como si fuéramos una sola familia, con cariño entre todas las personas. Cuando hablamos de eso, estamos hablando de una muy buena amistad, estamos hablando de fraternidad, compañerismo, solidaridad y armonía. (p. 101)

Existe también infraestructura económica de proyectos que son impulsados con recursos individuales de las personas firmantes. La ebanistería, los criaderos de cerdos, el cultivo de maracuyá, el cultivo de Sacha Inchi, la guanábana, las huertas caseras, las tiendas, los puestos de comida y uno de los espacios de cultivo de piña son algunos ejemplos. En su mayoría, se trata de infraestructura asociada a actividades agropecuarias, volviendo nuevamente a la apuesta campesina de la comunidad fariana. «Nosotros somos farianos, pero también somos campesinos; venimos del campo y nos debemos al campo» (Biblioteca Popular Alfonso Cano, 2022, p. 101), frase que destaca el trabajo campesino como base de la construcción territorial fariana.

Igualmente, las iniciativas con enfoque de género han dejado trazas territoriales. La Asociación de Mujeres Productoras de Esencias de Paz (ASMUPROPAZ) cuenta con un laboratorio ubicado en zonas aledañas a Agua Bonita II, en el cual se realiza el procesamiento de plantas medicinales de las que extraen aceites y productos de belleza. Dichos productos son ofrecidos en la tienda La Comunera, un lugar dispuesto en el poblado para la venta de productos de iniciativa de las mujeres.

Como una forma de incursión preliminar en la transformación de materias primas, se encuentran en Agua Bonita II la despulpadora de frutas y la molienda de caña. Esta infraestructura industrial preliminar agrega valor a la producción agrícola del poblado; sin embargo, ha sido utilizada principalmente para garantizar la provisión continua de alimentos a los habitantes de la zona, como una estrategia de soberanía alimentaria o autosuficiencia, principio que también identifican como farino (Biblioteca Popular Alfonso Cano, 2022). Esta infraestructura, junto con los proyectos de piscicultura y avicultura, ha sido impulsada de forma financiera y formativa por actores e instituciones externas al territorio, evidenciando la presencia de prácticas de circulación y producción económica asociadas como uso del territorio.

Como parte de la agencia y búsquedas propias de la población en proceso de reincorporación, los habitantes del poblado han logrado establecer correspondencias entre identidad fariana, campesina y economía solidaria. Los principios y valores farianos de solidaridad y camaradería se articulan con prácticas productivas campesinas y solidarias en el territorio. La tradición de producción campesina para el autoconsumo y el mercado local no riñen con valores farianos y principios cooperativos. Estos últimos, como marco legal, se han constituido en una alternativa para materializar identidad y territorialidad de las personas excombatientes a partir de sus actividades económicas (ver Figura 7).

Figura 7

Cartografía infraestructura económica

https://lh7-rt.googleusercontent.com/docsz/AD_4nXdEH48rjBdrZb_l2zWh_Jvf3HSZ7iG0LFb0TJZ5_rjO3Tc0klcwKKDtVy-GYLrpu4_aT2hunnQ6tkg4YqYztg7o8YI-PPjZ_v-jZ20jlCXsI0-6Orsrc3c3X2b1lB-HCWmMjc8Sq4SdpXHoZeZI8hoMtPGM?key=aUSJOjrPr5Dk0P-0_thflg

Nota. Elaborada a partir de imágenes satelitales de Google Maps, 2024.

Equipamiento social, materialización de la vida comunitaria

Las zonas sociales construidas al inicio del poblado fueron las oficinas de la Agencia de Reincorporación Nacional (ARN), aulas de estudio, caseta comunal y el estadero El Piñal. Estas tenían por objetivo facilitar el proceso de reincorporación y favorecer el enlace con entidades internacionales y nacionales que apoyan dicho proceso.

La caseta comunal se construyó desde un inicio como espacio de debate y fortalecimiento del trabajo comunitario entre los diferentes habitantes. Todo esto se desarrolló en torno a la junta de acción comunal, organización que define las directrices del poblado, además de tramitar preocupaciones e inquietudes de la comunidad. La cooperativa y la junta de acción comunal de Agua Bonita II son materializaciones de la arquitectura social que ha configurado el territorio; a través de estas, se define la arquitectura espacial o distribución y uso de los espacios de la vereda.

Este es el caso del aula comunal, espacio que cuenta con baños y duchas, ya que su construcción inicial fue pensada para que las personas firmantes tuvieran estos servicios de forma colectiva. Gracias a esta infraestructura, la caseta comunal es empleada para hospedar personas externas que llegan al espacio a realizar diferentes actividades comunitarias. Uso que fue definido por la junta de acción comunal como una estrategia de circulación y fortalecimiento de intercambios con otras colectividades.

Otro espacio construido desde un inicio fue ‘la rancha’ (como se les denominaba a las cocinas de los campamentos de las FARC-EP). En este lugar, las personas excombatientes cocinaban colectivamente por turnos; sin embargo, con la destinación de los módulos para uso privado, ‘la rancha’ se convirtió en un restaurante. Las personas firmantes que se encuentran en esta línea de trabajo tienen la posibilidad de ofertar a los visitantes algún menú cuando les corresponda su ciclo de trabajo.

El estadero El Piñal, además de su uso económico, es también lugar de esparcimiento e integración. Algunas actividades que destacan son los encuentros deportivos, las riñas de gallos e intercambios culturales. Así lo describe B2:

En este sitio está una casa grande, es donde le decimos El Piñal. Ahí es donde se hacen los basares, la fiesta. La gente viene, toma trago, del sábado a amanecer al domingo; ahí es el rumbeadero grande. Al fondo hay jugaderos de gallos. (Entrevista B2, comunicación personal, 12 de agosto de 2022).

Estos lugares son la principal materialización física de los valores y sentidos culturales farianos, ya que es en la infraestructura social donde tienen la posibilidad de «desarrollar de manera armónica todas las capacidades y habilidades» (Biblioteca Popular Alfonso Cano, 2022, p. 100), poner en práctica «el deber y pertenencia con la organización y, por lo tanto, actuar desde la motivación y abnegación por los deseos comunes» (p. 101) y así mismo construir «fraternidad, compañerismo, solidaridad y armonía» (p. 101).

En Agua Bonita II también se han ido gestando otros proyectos de equipamiento social, que mejoran las condiciones de vida de las personas de la comunidad. Estos proyectos se han logrado consolidar gracias a enlaces que se han fortalecido con organizaciones internacionales y nacionales, por ejemplo, el Centro de Desarrollo Infantil (CDI), la biblioteca popular y el aula de mujeres (ver Figura 8).

De estos proyectos se destaca la Biblioteca Popular Alfonso Cano, espacio académico dentro de la vereda. Esta ha permitido la conservación de la identidad fariana, su ideología, la historia de guerra y reconciliación, producto del conflicto armado. La biblioteca cuenta con el acompañamiento de universidades, entre ellas, La Sabana; a través de las cuales, se han ejecutado proyectos educativos. «Se llama la Biblioteca Alfonso Cano, que gracias a las universidades se pudo construir y todavía está vigente gracias a las universidades» (Cartografía social, comunicación personal, 19 de junio de 2018).

Figura 8

Cartografía equipamiento social

https://lh7-rt.googleusercontent.com/docsz/AD_4nXfe2DMRYZQ4vqzJCu8dxNCy79vLD6S12po-rDBE2yazKJLCN9OkKPfHG_cHxDcf9nFRyPij3ap5oNHCcpoTQv_fXIjYO4qvjhgp_eKntQHz_Mee-7laVcqqKVpzNznvUzJC_O_Egpy9tI1bYyXzfqHhq4E?key=aUSJOjrPr5Dk0P-0_thflg

Nota. Elaborada a partir de imágenes satelitales de Google Maps, 2024.

Discusión

Los diferentes elementos espaciales analizados en Agua Bonita II dan cuenta de la territorialidad de las personas firmantes. La apropiación legal de este territorio podría considerarse una manifestación de gobernanza racional (Samper, 2021). Esto les permite continuar en el tiempo su proceso de apropiación, con una idea clara de límites y propiedad en el sentido de control territorial (Raffestin, 2011).

En la construcción de este territorio, la principal fuente de tensión es la vida privada-comunitaria. Esta tiene diferentes explicaciones de acuerdo con las percepciones de sus habitantes: la primera, asociada a las racionalidades implícitas en la organización espacial en cuadrícula urbana o poblamiento ribereño, que alimenta el individualismo y la comodidad privada. La segunda, referente a la apropiación diferenciada de los valores y principios farianos, en la cual los habitantes no reincorporados son quienes menos se han acomodado a esta filosofía de vida.

Destacar racionalidades diferentes entre las formas de poblamiento rural (cuadrícula romana o poblamiento ribereño) da cuenta de la variedad territorial asociada al mundo rural. Así mismo, destaca como en la arquitectura espacial de la ruralidad los intereses de los actores involucrados son también filosóficos, los cuales promueven o limitan ciertos valores sociales. Este asunto conecta con la diferenciación entre actores farianos y no farianos, y destaca las complejidades y contradicciones asociadas a la circulación de actores e ideas en procesos territoriales. En conclusión, la territorialidad no siempre se construye en un continuum coherente entre los sentidos individuales y colectivos, pasados y presentes asignados al territorio. Por lo tanto, de acuerdo con Oviedo y Pungo (٢٠٢٤):

La salida y el desligue de los excombatientes del AETCR y de sus actividades consecuentes no es solo una pérdida “física”, sino una pérdida de identidad y de pertenencia. Cuando el excombatiente abandona dichos espacios se halla a su merced, mientras permanece y pertenece a estos su experiencia como fariano tiene un sentido. (p. 75).

Respecto de la infraestructura privada y económica, la experiencia de Agua Bonita II es contraria al AETCR Colinas, en el que las iniciativas productivas se centraron en «la enseñanza de oficios y sistemas productivos urbanos, sin considerar los saberes previos» (Bolaño-Peña y Mejía-Escalante, 2020, p. 114). En el poblado las personas firmantes proponen directamente proyectos productivos que recuperan sus experiencias anteriores, principalmente campesinas. Sus conocimientos sobre el territorio y el campo son relevantes para definir las actividades a las que desean dedicarse. A través de la infraestructura económica, las personas firmantes han logrado armonizar identidad campesina, fariana y cooperativismo, ratificando el trabajo como base material y simbólica del territorio (Saquet, 2015).

Finalmente, se destaca que la infraestructura social es la que mejor da cuenta de la apropiación simbólica del territorio para la reincorporación, ya que esta fortalece los valores comunitarios farianos y recrea una lógica social e integradora (ver Figura 9). Estos lugares fueron pensados como espacios comunes al servicio del trabajo social y colectivo. Dicha infraestructura se destaca como «espacio de sedimentación simbólico-cultural, como objeto de inversiones estético-afectivas o como soporte de identidades individuales y colectivas» (Giménez, 1999, p. 29). Esta sedimentación tiene como principal resultado el incipiente surgimiento de marcadores geográficos como el Festival Agua Bonita se Pinta de Colores, esfuerzo que da cuenta de la puesta en valor del patrimonio territorial que la comunidad fariana ha construido en este poblado de paz.

Figura 9

Cartografía con tipos de infraestructura, centro poblado Agua Bonita II

Nota. Elaborada a partir de imágenes satelitales de Google Maps, 2024.

En correspondencia con los postulados de Rincón (2012), la infraestructura social dispuesta en Agua Bonita II se encuentra revestida de elementos éticos, estéticos, simbólicos y afectivos. Los esfuerzos de transformación del espacio de esta comunidad «han estado puestos en mantener lo que somos, lo que hemos llegado a ser tras años de guerra y lucha revolucionaria» (Biblioteca Popular Alfonso Cano, 2022, p. 101). Asunto que ratifica la territorialidad del poblado.

Agua Bonita II cuenta con una gran fortaleza: la pujanza de sus diferentes líderes y lideresas, personas que trabajan en pro del desarrollo económico y social del poblado. Todo esto con el objetivo misional de que sus habitantes y sus futuras generaciones tengan mejores condiciones de vida. El territorio cuenta con una ubicación adecuada, con buenas condiciones topográficas y atmosféricas, servicios públicos y equipamiento social que se han ido construyendo con el paso del tiempo. Sus pobladores han hecho de este lugar su territorio, se han apropiado culturalmente del mismo a través de símbolos como la memoria fariana, la paz y la camaradería, que señalan el comunitarismo fariano. Lo anterior permite proponer a Agua Bonita II como una villa orientada al futuro (Bolaño-Peña y Mejía-Escalante, 2020), que se consolida como una centralidad económica y cultural de esta zona del departamento del Caquetá.

Conclusiones

La construcción territorial de Agua Bonita II está atravesada por tensiones y contradicciones que, paradójicamente, configuran la comunidad fariana en la reincorporación.

Las tensiones relacionadas con las formas de poblamiento evidencian que la distribución del territorio incide en las dinámicas comunitarias.

El compromiso comunitario de las personas firmantes del poblado Agua Bonita II ha sido un elemento central en la configuración de este territorio de reincorporación; un compromiso que retoma aprendizajes farianos y campesinos para materializar territorios para la paz y la convivencia.

Conflicto de interés

Los autores del artículo declararon no tener ningún tipo de conflicto de intereses sobre el trabajo presentado.

Responsabilidades éticas

Este trabajo investigativo se desarrolló bajo estrictos principios éticos. En consecuencia, se contó con la participación activa de las personas habitantes del poblado de paz Héctor Ramírez, Agua Bonita, Caquetá (Colombia), quienes participaron en la aprobación y revisión de las diferentes actividades investigativas realizadas en dicho territorio.

Fuentes de financiación

Los autores declaran no tener ningún apoyo financiero para el desarrollo de este trabajo.

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Contribución

Stefani Castaño Torres: investigadora principal del semillero Eirênê. Procesamiento estadístico de datos, escritura de materiales y métodos y obtención de los resultados.

Luis Carlos Ardila Burbano: análisis e interpretación de resultados, escritura de la introducción, métodos, discusión y conclusiones.

Yeimy Natalia Valderrama Polania: análisis e interpretación de resultados, escritura de la introducción, métodos, discusión y conclusiones.

Declaración usó inteligencia artificial

En la elaboración de este artículo, los autores no utilizaron ninguna herramienta o servicio de inteligencia artificial para elaborar el manuscrito.


  1. 1

    Profesora ocasional, Universidad Surcolombiana; integrante del grupo de Investigación en Prácticas Educativas y Sociales, Universidad Surcolombiana, Neiva, Huila, Colombia. Correo electrónico: scastanotorres@gmail.com

  2. 2 Estudiante Licenciatura en Ciencias Sociales, Universidad Surcolombiana; integrante del semillero Eirênê, adscrito al grupo de Investigación de Prácticas Educativas y Sociales, Universidad Surcolombiana, Neiva, Huila, Colombia. Correo electrónico: u20201188696@usco.edu.co

  3. 3 Estudiante Licenciatura en Ciencias Sociales, Universidad Surcolombiana; integrante del semillero Eirênê, adscrito al grupo de Investigación de Prácticas Educativas y Sociales de la Universidad Surcolombiana, Neiva, Huila, Colombia. Correo electrónico: u20201186705@usco.edu.co

  4. 4 El término reincorporación es una adaptación nacional que alude al tercer momento del proceso de Desmovilización, Desarme y Reintegración (DDR). El DDR como concepto comenzó a ser utilizado por la Organización de Naciones Unidas, como un proceso que procura garantizar el tránsito de los combatientes a contextos de posconflicto o posguerra. La reintegración o, en el caso colombiano, la reincorporación implica intervenciones a nivel jurídico, económico y social para garantizar el retorno a vida civil de las personas excombatientes (Naciones Unidas Mantenimiento de la paz, 2025). A nivel nacional, el término reincorporación colectiva fue apropiado por las antiguas FARC-EP como un proceso colectivo, orientado a mantener la cohesión de sus integrantes en la transición a la legalidad (Zambrano, 2019). Esta reinterpretación se orienta a promover la reparación y construcción de paz en los territorios (Castaño et al., 2025).

Artículo resultado de investigación titulado: Territorialidad, género y ciudadanía en el proceso de reincorporación de mujeres excombatientes: el caso del ETCR Agua Bonita, Caquetá, Colombia.

Infraestructura privada

Equipamiento social

Infraestructura económica